Juan Cruz López sobre La Falta de Lectura



Una de las cosa positivas que ha tenido decidirme a coordinar el proyecto Negra flama: poesía antagonista en el estado español, ha sido que en el trayecto estoy conociendo a poetas que de otra manera difícilmente hubiera leído. Ese el caso de José Ramón Otero Roko, autor del libro del que hablaremos hoy, y con el que tuve la suerte de intercambiar un par de ejemplares. Así llegó La falta de lectura a mis manos.

Lo leí una mañana soleada de domingo. Después de tanta lluvia, se agredecía un día entero de sol. Con mi café al lado y sin tareas pendientes, se presagiaba una lectura plácida. Me equivocaba. La falta de lectura reclama un lector paciente y, en cierta forma, no complaciente. El libro coloca al lector en un lugar distinto al que requieren otras lecturas más fácilmente asimilables. En cierto sentido, desde los primeros poemas supe que la única manera, quizá mi única manera, de enfrentar La falta de lectura, era saberme en una posición liminar, como la del que camina sobre una cuerda desde la que se abisma una mirada que puede dar cuenta, si se decide ser perseverante, de las posibilidades que se abren tras haber dejado atrás la exigencia de sentido. Página 37: Funambulistas, lectores / a los que la gravedad de un nudo no aparta / de atravesar la garganta como peces entre la prisa.

No obstante, antes de habitar los libros, me gusta pasearlos. De ahí que al ver las citas que abren cada sección, uno se supiera en territorio amigo. Pocos libros he leído en los que las citas estuvieran mejor elegidas. Pocos en los que las citas no estorben y sumen e inviten a pasar a la sección siguiente. En La falta de lectura el texto de los otros es tan importante como el del autor. No en vano, José Ramón Otero recrea en cierta forma una nueva relectura de algunos clásicos del pensamiento libertario.

Una vez dentro, uno acierta a entender que, a pesar de la aparente sencillez de la apuesta del autor, quebrar el lenguaje para decir distinto, se levanta una obra de pretensiones ambiciosas, donde se nota el trabajo para hacer del poemario un producto cerrado, que hable por sí mismo. Por ello mismo, La falta de lectura es un libro que consigue no recordar a nada ni a nadie. Precisamente por eso se nos antoja que el de José Ramón Otero es un libro tejido a espaldas de la poesía actual, de sus luchas de banderías y sus peleas futiles.

No obstante, leer La falta de lectura nos abre puertas. Es como un pistoletazo de salida en una carrera hacia la nada. De hecho, tengo tantos versos subrayados que no voy a poder prestar el libro. Digo todo esto porque este poemario consigue desvelar sin pretenderlo. Es un libro poético. Sí, bajo mi punto de vista, La falta de lectura es uno de esos pocos libros que consiguen echar luz sobre lo que nos viene dado. Algunos poemas, de hecho, señalan las costuras que suturan nuestro cuerpo intervenido por el poder. De forma natural, el libro nos ayuda a redescubrir para qué escribimos, para qué nos enfrentamos a nosotros mismos a la hora de decir lo que quizá de otra manera fuera dicho tantas veces. Efectivamente, los que gobiernan el mundo / odian la poesía y también Sólo la valentía nos aprende a leer.

Entonces, y si Todo es antiguo excepto la palabra, comprendemos que se hace un llamamiento al hogar común, al desierto compartido de los que buscan y tal vez no encuentren. Eso leemos. Poemas que pasan la gubia por nuestra propia identidad y nos ayudan a desbastarnos. Al cabo, los de La falta de lectura son versos que animan a vivir de forma más libre, porque Por eso no quieres / ser conductor, dirigir ninguna vida al arcén / donde vistes corriendo la nube verde la muerte. Libre, decimos, pero sentada sin embargo junto al fuego de lo común, rememorando el cuento, tan viejo como el hombre, que nunca habitarán los Bárbaros, nadas que nunca aprenderéis de la palabra, consumidores / solos, vuestro, ansía, nombra, aquello que repetís / contaminación para olvidarla.

Por eso mismo, La falta de lectura es un libro que nos reclama a decir no a la mercancía, a que nuestras vidas se vean intermediadas por el poder de los ventrílocuos. Por ello, estamos con el autor cuando nos dice que ningún objeto / nos adquiera con su ruido.

Ahora, casi un mes después de haber leído el libro, repasaré los textos que lo acompañan: el prólogo de Virgilio Tortosa, el epílogo de Constantino Bértolo (del que recomiendo encarcecidamente su ensayo La cena de los notables) y la propia poética con la que cierra el autor su obra. Quizá me aporten algunas claves para entender mejor aún este excelente poemario, que suma y dice y nos ayuda a ser más anchos. Seguro que lo releeré.

En La Banda de los Cuatro

Posted at en 22:25 on domingo, 5 de mayo de 2013 by Publicado por José Ramón Otero Roko | 0 comentarios   | Filed under: , , , ,

Mitología estelar, de Nira Rodríguez




a Roko




Anoche soñé con el señor de las luciérnagas
tenía el oficio baldío de alimentarlas
revoloteaban en el ocaso
poniéndose el sol y ellas bailando.
Aquel hombre de manos de tierra
juntaba pencas de gigantes tuneras
y trepando entre sus pinchos
como grandes clavos escalera
subía hasta el cénit alogándose
derramando un aceite
de miel como en dibujos.
Al otro lado del mar, en el puerto,
yo veía en la noche negra
cómo los puntos de luz se organizaban
formando así costernaciones
formando así constelaciones.



- Nira Rodríguez, "Hacerse la muerta", Editorial Vitrubio 2013.
















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